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¿Qué comer hoy? Comida emocional y las comidas que sientan mal

Has visto en la entrada Comer con ansiedad y mi hambre emocional la existencia de patrones de alimentación que aprendes desde pequeño y en la entrada Comer, radiografía de mis emociones, pudiste reflexionar sobre cómo el tipo de alimentos que ingieres sin control pueden hablar de tus emociones o necesidades más profundas que no reconoces.

Comer impulsado por tus emociones no sólo te lleva a sentir descontrol, ansiedad, estrés y a comer constante y abundantemente. Las emociones pueden además hacer que dejes de comer. En la entrada de hoy veremos más ejemplos de ese vínculo del acto de ingerir alimentos con nuestro estado emocional.

Al no comer rechazo el alimento emocional que recibo

Esta es una conducta muy frecuente en los niños. Mencionábamos en la entrada Comer con ansiedad y el hambre emocional la relación entre alimentación y vínculos afectivos en la primera infancia. Cuando el niño no recibe el afecto, cuidados y disposición de su maternante (mamá o quien sea que se ocupe de su cuidado por ausencia total de la madre) suele expresarlo rechazando el alimento.

Hay niños que pasan poco tiempo con sus madres, y el tiempo que están con ellos las madres están realizando otras tareas, hablan por el móvil mientras los amamantan, hacen que juegan con ellos pero se ocupan de otros temas, limpian la casa, cocinan, discuten, gritan, están estresadas, saturadas, con sueño, cansadas, agobiadas y simplemente el niño o la niña no entiende, ni le importa, lo que sucede con su madre porque obviamente no es su problema

Un niño sólo sabe que necesita atención, dedicación, afecto, cuidado, en una palabra: disponibilidad por parte de quien lo materna, quien cumple la función materna y cuando no tiene la calidad de alimento afectivo que él reclama, simplemente lo rechaza. Una mujer con un bebé de poco meses me dice cuando llega por primera vez a consulta “todo el día estoy de mala leche” y que casualidad su bebé rechazó su leche. Claramente el estado emocional de esa madre era en ese momento altamente tóxico para ese bebé y él en su sabiduría había rechazado ese alimento.

De adultos sucede lo mismo, si bien no necesariamente esperas que tu madre esté ahí para seguir maternándote (aunque existen adultos que aún esperan a la madre que nunca tuvieron) si esperas que tu pareja, hijos, amigos, familiares te quieran, aprueben, atiendan, reconozcan como tú lo deseas y al no conseguirlo pueden suceder dos cosas.

Primera opción: Rechazas el alimento afectivo que recibes y como nuestro inconsciente no reconoce la diferencia entre el alimento real (lo que comes a diario para alimentar el cuerpo) y el alimento simbólico (afecto) rechaza todo tipo o determinado tipo de afecto y entonces algunos alimentos o casi todo te sienta mal o terminas por no ingerirlo. De ahí, según determinadas escuelas teóricas pueden provenir algunos tipos de intolerancia alimentarias. O la segunda opción: Buscas llenar ese vacío generado por lo que no recibes con alimentos, como lo vimos en la entrada anterior.

Comidas y fiestas familiares

Una de las principales razones para que llegues a comer en exceso durante las reuniones familiares o en casa de tus padres está vinculada con sentimientos de la infancia que se reviven, haciéndonos sentir como niños pequeños, indefensos, incómodos, sometidos a la voluntad de otros con más autoridad.

Para combatir esta tendencia puedes llevar un “ancla a la edad adulta” a la casa de tus padres. Un ancla a la edad adulta es todo lo que pueda recordarte lo competente, fuerte, decidido y adulto que eres. Ejemplos de anclajes puede ser el libro favorito, algún trabajo de oficina, tu tarjeta de visita.

Es preferible no mencionar en casa de tus padres o familiares que no puedes controlar tu comida por que o bien te darán todos los motivos para que comas sin control, es sólo por hoy, es un día especial, mira que te lo hizo tu mamá con tanto amor; o te estarán remarcando a cada momento la cantidad de comida que has ingerido para que te des cuenta de lo mal que lo haces, como si ya no lo hicieras. Simplemente habla y actúa como el adulto que eres.

Comida familiar

Comes con ansiedad y no lo logras controlar.

Si a pesar de tus esfuerzos, en ocasiones el impulso por comer es mayor que tu capacidad de controlarlo, es importante que revises tu estado de salud, en ocasiones las deficiencias nutricionales nos llevan a comer determinados alimentos de manera compulsiva; así mismo, existen algunos alimentos que pueden ayudarte a reducir el estrés y la ansiedad.

  • Granos enteros: Los alimentos integrales pueden tener un poderoso efecto sobre la ansiedad y contienen nutrientes que se han perdido en las dietas de hoy en día. Los granos enteros crean energía saludable al tiempo que reducen el hambre, ambos importantes para reducir la ansiedad. Son ricos en magnesio y la deficiencia de magnesio puede conducir a la ansiedad. Contienen triptófano, que se convierte en serotonina, un neurotransmisor que calma.
  • Arándanos: Son ricos en vitaminas y fitonutrientes (nutrientes vegetales), con una variedad de antioxidantes que se considera muy beneficiosa para aliviar el estrés.
  • Almendras: Contienen zinc, un nutriente clave para el mantenimiento de un estado de ánimo equilibrado, y tienen hierro y grasas saludables.
  • Agua: Muchos estudios han encontrado que la deshidratación afecta al menos al 25% de las personas con estrés persistente y la deshidratación causa más ansiedad.

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© Anamaya | Psicología para la Acción | Vigo, España | 2017

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