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Cerrar ciclos en el trabajo: cuando el año termina pero el agotamiento sigue

Tabla de contenidos

«Este año sí cierro bien.»  «Este año va a ser diferente.»

Te lo dijiste en enero. Y aquí estás, a días de que termine diciembre, sintiendo lo mismo que el año pasado.

Hiciste las listas. Cerraste proyectos. Ordenaste tu escritorio. Enviaste los últimos correos antes de las vacaciones.

Pero hay algo que no cierra. Algo que sigue abierto por dentro.

Te vas de vacaciones y llevas contigo ese peso. Esa sensación de que aunque el calendario diga que el año terminó, algo en ti sigue en el mismo lugar.

Cerrar ciclos en el trabajo no es terminar tareas. Es cerrar emocionalmente lo que viviste.

Y si el agotamiento sigue, el ciclo está abierto.

Por qué los cierres tradicionales no funcionan

Cada fin de año, se repite el mismo ritual: listas de pendientes, balances de objetivos, reuniones de cierre, propósitos para el año que viene.

Y sin embargo, según investigaciones recientes de Harvard Business Review, el 41% de las personas experimenta un aumento de estrés durante el fin de año, y la mayoría de equipos regresan de vacaciones más agotados que renovados.

¿Por qué?

Porque estamos cerrando lo operativo, pero no lo emocional.

Cerramos tareas, pero no cerramos lo que sentimos sobre esas tareas.
Cerramos proyectos, pero no cerramos la frustración de lo que no salió como esperábamos.
Cerramos el año en el calendario, pero no cerramos los estados de ánimo que nos acompañaron todo este tiempo.

Muchas de las personas que me escriben sintiéndose atrapadas en su trabajo llegan especialmente en diciembre, cuando la presión de ‘cerrar bien el año’ hace visible el agotamiento que llevan arrastrando meses.»

Puedes limpiar tu escritorio hasta que brille. Puedes borrar todos los correos de tu bandeja de entrada. Puedes hacer balance de logros y escribir objetivos nuevos.

Pero si no cierras lo que viviste emocionalmente, el próximo año empezará donde terminó este: con el mismo agotamiento, la misma resignación, la misma sensación de estar dando vueltas en el mismo lugar.

El agotamiento que no se va con el 31 de diciembre

Hay un tipo de agotamiento que las vacaciones no curan.

Lo sabes porque ya lo probaste. El año pasado te fuiste quince días. Descansaste. Desconectaste. Y cuando regresaste en enero, a las dos semanas sentías lo mismo.

Ese agotamiento no es físico. Es del alma.

Tiene que ver directamente con la importancia del propósito: cuando lo que haces no te importa, el alma se agota, y ese agotamiento no se cura durmiendo.

Es el «efecto pico-final»: las personas juzgan una experiencia principalmente por cómo termina.

Si terminas el año agotado, frustrado, decepcionado, esa será la memoria emocional que llevarás contigo. Y esa memoria determinará cómo empiezas el próximo.

No importa cuántos días libres tengas en diciembre. No importa si te vas a la playa o te quedas en casa. Si no cierras emocionalmente lo que viviste, lo arrastrarás contigo.

Estudios recientes muestran que en España, el 55% de trabajadores experimentó agotamiento profundo en 2024, y las últimas semanas de diciembre, cuando la energía está en su punto más bajo, están saturadas de fechas límite, reuniones y compromisos de último momento.

Las investigaciones sobre estrés laboral en fin de año muestran que cerrar el año con agotamiento predice cómo empezarás el siguiente.

No es que seas débil. Estás buscando cerrar algo que requiere más que cruzar tareas de una lista.

Los estados de ánimo que mantienen el ciclo abierto

Aquí está lo que necesitas aprender sobre cerrar ciclos en el trabajo:

Un ciclo no está cerrado cuando terminan las tareas. Un ciclo está cerrado cuando se transforman los estados de ánimo que viviste durante ese ciclo.

Y si llegas a fin de año en estos cuatro estados de ánimo, el ciclo sigue abierto aunque el calendario diga 31 de diciembre:

1. Resignación acumulada: "Este año tampoco cambió nada"

Entraste al año con esperanza. O al menos con la idea de que algo podría ser diferente.

Y aquí estás, cerrando diciembre con la misma sensación: nada cambió.

Ese proyecto que esperabas. Ese reconocimiento que no llegó. Esa conversación que nunca se dio. Esa posibilidad que se cerró.

«Para qué probar si todo sigue igual.»

La resignación no es tristeza. Es la renuncia a la posibilidad misma de que algo cambie.

Y cuando cierras el año en resignación, el próximo año se siente como una condena: más de lo mismo.

La resignación es uno de los estados de ánimo más limitantes porque cierra tu acceso a ver posibilidades. Aquí te explico más sobre cómo funcionan los estados de ánimo: Por qué no logras mantener la constancia.

2. Frustración por lo que no logró salir: "Me esforcé tanto y no sirvió de nada"

Pusiste todo este año. Trabajaste más horas. Te esforzaste. Cumpliste.

Y aun así, sientes que no fue suficiente. O que lo que lograste no importa. O que todo se quedó a medias.

Hay proyectos que no se concretaron. Metas que no se cumplieron. Promesas que no se sostuvieron.

Y cada vez que miras el año, en lugar de ver lo que sí hiciste, ves todo lo que faltó.

Esa frustración no se cierra tachando tareas. Se cierra cuando puedes mirar el año con compasión y reconocer: «Hice lo que pude con lo que tenía en ese momento.»

3. Decepción por expectativas no cumplidas: "Esperaba que este año fuera diferente"

Comenzaste enero con expectativas. Este año sí iba a ser distinto. Este año sí ibas a lograr ese cambio. Este año sí las cosas iban a mejorar.

Y aquí estás. Y no fue así.

No es que no pasara nada. Es que lo que pasó no fue lo que esperabas. Y esa brecha entre lo que esperabas y lo que viviste duele.

La decepción mantiene el ciclo abierto porque te deja sin piso. Si esto que creías que era el camino no lo fue, ¿entonces qué?

4. Desconfianza sobre el año que viene: "¿Y si el próximo año es igual o peor?"

Llegas a fin de año agotado. Y cuando piensas en enero, en lugar de sentir esperanza, sientes desconfianza.

«¿Para qué hacer propósitos si no los voy a cumplir?»
«¿Para qué esperar que algo cambie si siempre es lo mismo?»
«¿Y si me esfuerzo de nuevo y termino igual de agotado?»

La desconfianza es el estado de ánimo que más te aleja de cerrar ciclos, porque desde ahí, el futuro se ve cerrado antes de que empiece.

El ciclo no cierra si las emociones siguen abiertas

Esta es la distinción que lo cambia todo:

Puedes terminar todas las tareas del año y aun así no haber cerrado el ciclo.

Porque cerrar un ciclo no es clausurar operativamente lo que hiciste. Es integrar emocionalmente lo que viviste.

Y eso requiere algo más que una lista de tareas completadas. Requiere mirar honestamente:

  • ¿Qué estados de ánimo guiaron mi año?
  • ¿Qué interpretaciones sostuve que me mantuvieron atrapada?
  • ¿Qué necesito soltar emocionalmente para que este año realmente termine?

Desde la perspectiva de la terapia Gestalt, un ciclo está abierto cuando hay algo que no se completó, algo que quedó sin decir, sin sentir, sin integrar.

Y muchas veces, lo que mantiene el ciclo abierto no es que no terminaste el proyecto. Es que nunca te permitiste sentir la frustración de que no salió como esperabas. O la tristeza de que ese año no fue el año que querías. O el enojo de que diste tanto y no recibiste lo que merecías.

No puedes cerrar lo que no te has permitido sentir.

Por eso las listas de tareas no funcionan. Porque estás queriendo cerrar operativamente algo que solo se cierra emocionalmente.

🎁 Kit de Supervivencia Emocional para el Trabajo en Fin de Año (Descarga gratuita)

Si llegas a este momento del año sintiendo que no puedes más, que las vacaciones no van a ser suficientes para renovarte, que arrastras un agotamiento que no sabes cómo soltar, necesitas cerrar este ciclo emocionalmente antes de que termine diciembre.

He creado el Kit de Supervivencia Emocional para Fin de Año específicamente para este momento.

No es para «animarte» o para fingir que todo estuvo bien. Es para que puedas:

  • Soltar la resignación y frustración acumuladas durante el año
  • Cerrar emocionalmente lo que no pudiste resolver operativamente
  • Entrar a 2026 sin arrastrar el agotamiento de 2025
  • Regular tu sistema nervioso en la intensidad de diciembre
  • Crear un ritual de cierre que honre lo que viviste sin quedarte atrapado en ello

Este kit te ayudará a:

  • Regular tu sistema nervioso cuando sientes que vas a colapsar
  • Gestionar la ansiedad generada por las fiestas
  • Crear micro-pausas de autocuidado en tu día laboral
  • Reconectar con tu cuerpo cuando la mente no para
  • Sostener tu estabilidad emocional mientras exploras opciones

Cómo cerrar un ciclo laboral desde el alma

Cerrar ciclos emocionalmente no significa perdonar, olvidar. No es fingir que todo estuvo bien.

Es integrar lo que viviste para que deje de tener poder sobre ti.

Y eso requiere atravesar tres movimientos:

1. Reconocer lo que fue (sin justificar ni minimizar)

El primer paso para cerrar es mirar honestamente lo que viviste este año.

No lo que «deberías» haber vivido. No lo que otros vivieron. Lo que TÚ viviste.

¿Fue un año difícil? Reconócelo.
¿Te sentiste agotado? Reconócelo.
¿Hubo momentos de frustración, decepción, resignación? Reconócelo.

No necesitas explicarlo o justificarlo. Solo necesitas nombrarlo.

«Este año fue agotador.»
«Este año me sentí invisible.»
«Este año perdí la esperanza en que algo pudiera cambiar.»

Reconocer no es quejarse. Es validar tu experiencia para que deje de pedirte atención desde el fondo.

2. Soltar las interpretaciones que mantienen el ciclo abierto

Lo que mantiene el ciclo abierto no son los hechos. Son las interpretaciones que construiste sobre esos hechos.

«Este año no sirvió de nada» → Interpretación desde la frustración.
«Nunca voy a salir de aquí» → Interpretación desde la resignación.
«Debí haberlo hecho diferente» → Interpretación desde la culpa.

Soltar no es olvidar. Es reconocer que esa interpretación fue tu forma de sobrevivir ese momento, pero ya no necesitas sostenerla.

Puedes mirar el mismo año desde otra interpretación:

«Este año fue difícil, y lo atravesé.»
«Este año no cambió lo externo, yo sí cambié.»
«Hice lo mejor que pude con los recursos que tenía.»

No se trata de forzarte a ver todo positivo. Se trata de abrir la posibilidad de que existan otras formas de interpretar lo que viviste.

3. Integrar los aprendizajes (sin necesidad de que "valga la pena")

Cerrar un ciclo no significa que todo lo que viviste tuvo que «valer la pena» o «enseñarte algo».

A veces, lo único que aprendiste es lo que NO quieres volver a vivir. Y eso también es válido.

Integrar es preguntarte:

¿Qué aprendí de mí este año?
¿Qué límites necesito poner el próximo año que no puse este?
¿Qué parte de mí se fortaleció atravesando esto?
¿Qué necesito dejar atrás para entrar al próximo año más ligera?

Integrar no es justificar el dolor. Es reconocer que ese dolor transformó algo en ti, aunque no sea lo que esperabas.

Psicología para la Acción: Ritual de cierre emocional de fin de año

Este ritual está diseñado desde la psicología Gestalt para que puedas cerrar emocionalmente el año, no solo operativamente.

Necesitarás: 30 minutos sin interrupciones, hojas o un cuaderno, un lugar tranquilo donde puedas estar contigo.

Mejor momento: Entre el 26 y el 30 de diciembre (antes de que empiece el año nuevo).

Paso 1: Revisa el año sin juzgarlo

Cierra los ojos. Respira profundo tres veces.

Ahora recorre mentalmente el año que está terminando. Mes a mes. Sin juzgar. Solo observando.

Enero, febrero, marzo… ¿Qué recuerdas de cada mes?

No busques conclusiones todavía. Solo deja que las imágenes, sensaciones, momentos aparezcan.

Cuando llegues a diciembre, abre los ojos.

Paso 2: Nombra los estados de ánimo que dominaron tu año

Escribe en tu cuaderno:

Los estados de ánimo que más me acompañaron este año fueron:

Pueden ser: resignación, frustración, decepción, desconfianza, miedo, agobio, ansiedad, esperanza, curiosidad, gratitud, apertura, serenidad, ambición.

No necesitas explicar por qué. Solo nombra lo que reconoces.

Paso 3: Identifica qué sigue abierto emocionalmente

Pregúntate:

¿Qué del año que está terminando sigo cargando emocionalmente?

Puede ser:

  • Una conversación que no tuviste
  • Un reconocimiento que no llegó
  • Una decisión que no tomaste
  • Una despedida que no hiciste
  • Un duelo que no procesaste

Escribe todo lo que aparezca.

Paso 4: Cierre simbólico de lo que quedó abierto

Para cada cosa que identificaste como «abierta», pregúntate:

¿Qué necesito para cerrar esto?

A veces necesitas:

  • Decir algo (aunque sea a ti misma)
  • Soltar una expectativa
  • Aceptar que no pasó
  • Perdonarte por no haber podido
  • Reconocer que hiciste lo que pudiste

Para cada cosa abierta, escribe una frase de cierre:

«Cierro la expectativa de que este año iba a ser diferente.»
«Suelto la culpa por no haber podido más.»
«Acepto que esa conversación nunca se dio, y ya no la necesito.»

Importante: No necesitas sentir que «ya está cerrado». Necesitas declararlo. El cierre emocional a veces tarda, y empieza con la intención.

Paso 5: Ritual físico de cierre

Una vez que hayas escrito tus frases de cierre, haz algo simbólico con ese papel.

Puedes:

  • Quemarlo (de forma segura) como símbolo de soltar
  • Romperlo en pedazos pequeños y tirarlo
  • Enterrarlo en la tierra

Lo importante es el acto simbólico de soltar físicamente lo que soltaste emocionalmente.

Paso 6: Declara el cierre

Finalmente, párate, respira profundo tres veces, y di en voz alta:

«Cierro este ciclo. Lo que viví este año ya no me define. Entro al próximo año más ligera.»

No necesitas creerlo completamente. Solo necesitas decirlo. Las palabras tienen poder.

El año que viene no será distinto si entras con los mismos estados de ánimo

Puedes cambiar de año, cambiar de trabajo, cambiar de ciudad… pero si no transformas los estados de ánimo desde los que estás viviendo, llevarás el mismo agotamiento a donde vayas.

No es el trabajo el que te agota. Es vivir en resignación lo que te agota.
No es el año el que fue difícil. Es verlo desde la frustración lo que lo hace insostenible.
No es que no tengas opciones. Es que desde la desconfianza, no puedes verlas.

Si quieres que el próximo año sea diferente, necesitas empezar por definir tu propósito desde un lugar diferente, no desde el agotamiento.

Por eso cerrar ciclos en el trabajo no es opcional. Es esencial.

Porque si no cierras emocionalmente lo que viviste, el próximo año será la continuación de este. Mismos estados de ánimo, mismas interpretaciones, misma sensación de estar atrapado.

Y mereces empezar un año nuevo desde un lugar diferente.

Un espacio para acompañarte en 2026

Si este cierre de año te encuentra agotado, si reconoces que necesitas transformar los estados de ánimo que te mantienen atrapada, a partir de enero 2026, abriré Renacer Profesional, un espacio de acompañamiento en comunidad para personas que están cansadas de iniciar años nuevos con las mismas cargas emocionales.

Un lugar para trabajar profundamente:

  • La transformación de estados de ánimo limitantes (resignación, frustración, desconfianza)
  • La reconexión con tu propósito vital y profesional
  • El sostén emocional para hacer cambios reales sin colapsar
  • La construcción de interpretaciones que abran posibilidades

No es un programa de motivación. Es un proceso de transformación ontológica y emocional.

Pronto compartiré más detalles. Por ahora, si resuena contigo, suscríbete al blog para ser de las primeras personas en conocer cómo acceder a este espacio.

Preguntas frecuentes sobre cerrar ciclos en el trabajo

¿Por qué es importante cerrar ciclos en el trabajo al final del año?

Cerrar ciclos en el trabajo no es solo terminar tareas o proyectos. Es integrar emocionalmente lo que viviste para que no lo arrastres al próximo año. Según el efecto pico-final, las personas juzgan una experiencia por cómo termina. Si terminas el año agotado sin cerrar emocionalmente, esa será la memoria que llevarás a enero, y determinará cómo empiezas el nuevo ciclo.

¿Qué pasa si no cierro emocionalmente el ciclo laboral?

Si no cierras emocionalmente el ciclo, aunque el calendario cambie a enero, seguirás viviendo en los mismos estados de ánimo: resignación, frustración, decepción o desconfianza. Esto significa que el próximo año será la continuación del anterior, con el mismo agotamiento, las mismas interpretaciones limitantes, y la misma sensación de estar atrapado.

¿Cómo puedo cerrar ciclos en el trabajo si el año fue muy difícil?

Cerrar un ciclo difícil no significa fingir que estuvo bien o forzarte a estar agradecida. Significa reconocer honestamente lo que viviste, soltar las interpretaciones que te mantienen atrapado, e integrar los aprendizajes sin necesidad de que «valga la pena». 

¿Es normal sentir agotamiento al final del año laboral?

Sí. El 41% de las personas experimenta aumento de estrés en fin de año, y el 55% de trabajadores en España reportó agotamiento profundo en 2024. Las últimas semanas de diciembre concentran fechas límite, reuniones y cierres cuando la energía está más baja. Pero si ese agotamiento no se cierra emocionalmente, las vacaciones no serán suficientes para renovarte.

¿Cuándo es el mejor momento para hacer el cierre emocional del año?

El mejor momento es entre el 26 y 30 de diciembre, antes de que empiece el año nuevo. Esto te da espacio para integrar lo vivido sin la presión de «empezar fresh» el 1 de enero. El cierre emocional necesita tiempo y presencia, no puede hacerse apurado entre fiestas y compromisos.

 

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