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Descubre el sentido de tu sufrimiento

Estarás de acuerdo conmigo cuando afirmo que la ansiedad, la depresión, la angustia o el pánico te producen un enorme sufrimiento. Hoy te comparto estrategias que algunas personas que han pasado por terapia aplican para encontrarle sentido a sus síntomas y salir de ellos.

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Puedes darte soporte a tí mismo

A lo largo de mis años de experiencia, me voy dando cuenta que las personas que asisten a consulta empiezan a utilizar por su cuenta, con asombrosos resultados, algunas de las técnicas que utilizamos en terapia gestalt.

Lo hacen impulsados por el bienestar que estos “simples juegos” les aportan. Se dan cuenta que una vez han trabajado el grueso de sus problemáticas en terapia tienen la capacidad de darse soporte a sí mismos. Y ese es uno de los grandes propósitos en la terapia gestalt.

Si lees la entrada Sentir ansiedad, temor o angustia ¿lo necesitas? puedes comprender para qué aparecen en tu vida síntomas como la angustia, la ansiedad o la depresión. Además, una vez has pasado por un buen proceso de terapia reconoces el sentido positivo de los síntomas.

Es por lo anterior que antes de tener que consultar por síntomas puntuales y eventuales, las personas que han pasado por terapia prueban a buscar el sentido de éstos por sí mismos y lo consiguen. ¿Cómo lo hacen? Te comparto algunos de esos ejercicios.

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Darle una forma

Al psiquismo (tu mente) le ayuda el poder ver en lo exterior la manifestación de lo que lee sucede en el interior. Le ayuda porque le permite organizarse, comprenderlo, darle una forma, encontrarle sentido. Si hay una parte de ti en conflicto con otra, difícilmente podrás alcanzar tus objetivos.

Por ejemplo: una parte dentro de tí mismo quiere comer sanamente por salud o para adelgazar. Y existe otra parte de tí que se atiborra a pastelitos, donuts y cuanta bollería se le pone por delante. Claramente mientras no entren en equilibrio ambas partes no vas a conseguir tu objetivo de comer sanamente.

¿Qué te propongo? Puedes personificar esa parte conflictiva dentro de tí: dibujarla, hacer una muñeco de trapo, crearla con arcilla.

Una vez lo tienes en frente puedes expresarle tu disgusto, enfado, resentimiento, frustración, generados por sus acciones.

Puedes interactuar con él: amasarlo, golpearlo, pero nunca destruirlo ya que también es una parte tuya.

Como parte tuya que es te das cuenta que está ahí para hacerte tomar consciencia de cuando estás en estrés, con temor, o te estás exigiendo demasiado. Entonces aparece esa parte glotona para hacerte parar, para decirte que no puedes seguir tragando todo lo que te pasa sin reaccionar.

Finalmente te das cuenta que empiezas a sentir compasión, pena, tristeza por el propio sufrimiento y le das la bienvenida y lo aceptas como parte de tí.

Y una vez lo aceptas sucede lo inesperado: Deja de ser necesario y generalmente desaparece.

“Si los extremos luchan dentro de tu corazón, no elijas. Permite que ambos estén allí. No crees una lucha en tu interior, permite que ambos estén allí. Ambos serán necesarios, con los dos tendrás dos alas y entonces podrás volar”. OSHO

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Escríbirle

Puedes escribirle a tu síntoma como si fuese una persona, todos los días, por unos 5 a 10 minutos, durante un mes. Verás como el tono de tu escritura se va transformando.

Probablemente en primer lugar salgan reproches, enfado, reclamos.

Después pasa a la tristeza, la resignación y la indignación.

Finalmente vas viendo como tus emociones y tu percepción del síntoma se transforma y con ellas tu escritura y terminas por comprenderlo, preguntarle, perdonarte y perdonarle.

Y de nuevo al verlo desde un lugar diferente y al tomar conciencia de su rol en tu vida, deja de ser necesario.


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Conversa con él, te escucha!!!

Una vez alguien llega a consulta y me dice: ayer estuve hablando con mi ansiedad y ni te imaginas lo que descubrí. Y así es, un simple diálogo, mental o escrito, puede abrirte un mundo completamente nuevo. El diálogo mental o escrito puede ser puntual (un sólo día) o puedes hacerlo como el anterior, durante varios días de manera continua. Un diálogo basado en preguntas abiertas, es decir, preguntas que empiecen por cómo, para qué, de qué manera, para qué te sirve… y nunca que inicien con un por qué.

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Como he dicho al inicio de esta entrada, es mucho más sencillo cuando has experimentado éstos o algunas otras técnicas en terapia dado que sabes realmente como profundizar en el ejercicio, sin embargo algunas de estas simples acciones puedan ayudarte.

¿Has probado con alguna de éstas? Gracias por compartirnos tus propias experiencias.

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© Anamaya | Psicología para la Acción | Vigo, España | 2017

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